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Al decir si la novia

noviaAl decir “Sí” a la novia, dijo “No” a la dinastía real. La dinastía real anunciaba que a partir de la boda, el príncipe Friso, segundo hijo de la reina Beatriz, perdería sus derechos dinásticos, a los que él mismo renunció para casarse con Mabel.

El escándalo y la polémica estaban a la orden del día en todo el país, los medios de prensa hacían su agosto en cada edición con la noticia que trastornaba.

 El príncipe Friso de Holanda se casaría con Mabel Wisse, ambos de 35 años. La ceremonia nupcial se veía ensombrecida por la polémica. La dinastía real anunciaba que a partir de la boda, el príncipe Friso, segundo hijo de la reina Beatriz, perdería sus derechos dinásticos, a los que él mismo renunció para casarse con Mabel.

La razón de esto, era el pasado de Mabel; las páginas negras de su vida manchaban la sangre de la realeza, no era digna de portar algún día la corona de reina, ella ofreció al gobierno información incompleta sobre sus contactos con un presunto traficante de drogas y, esto es suficiente para perder privilegios reales, la novia no era digna; sin embargo el príncipe decía: “Si, la acepto por esposa”. Por esa razón, el gobierno vetó el enlace, y Friso, además de perder sus derechos de sucesión, dejará de formar parte de la casa real.

El sacerdote Carel ter Linden, dijo durante la ceremonia nupcial: “Ha caído agua sobre vosotros como un aluvión...”. El día de la boda la novia luciría un vestido blanco de manga larga de corte clásico con tela bordada con detalles de lazos y una cola de 2.70 metros, en el que trabajaron cuatro personas durante 600 horas para su confección; un atuendo impecable, pero sin el sello real.

Que Curioso ¿No te parece? Esto es exactamente lo que sucede cuando un chico o una chica cristiana de nuestras iglesias decide ponerse de novio o casarse con alguien no lo es, con alguien que no ama a Dios y que hasta aun se ríe de Dios; que inclusive asiste a la iglesia y lo acompaña a los cultos pero con la duda si va por Cristo o por Cristina.

Y digo que sucede lo mismo que en Holanda, porque ustedes muchachos que aman a Jesús y El es su salvador, son príncipes y princesas, son parte de la familia real, no son simples plebeyos que deambulan por el mundo sin rumbo y sin sentido; ahora son hijos de Dios comprados con sangre, son “linaje escogido y real sacerdocio”, escogidos de las tinieblas para vivir en “Su luz admirable”, simplemente son genios de la dinastía real del cielo.

 Pero cuando ponen sus ojos en quienes se les ha prohibido (2Corintios 6:14-16), entonces echan por tierra sus privilegios reales, hacen vano sus valores y pisan la sangre real que corre por sus venas. Venden sus convicciones por un plato de lentejas y terminan siendo plebeyos de nuevo, y... un “aluvión” cae sobre ustedes, sobre sus familias, iglesias, grupos de jóvenes y sobre la generación de niños que nos siguen, porque ellos nos están viendo y terminaran haciendo lo mismo justificándose con esto.

Cuantos jóvenes de nuestras iglesias han dicho “Sí” a chicos inconversos y “No” ¡A su dinastía real! Algunos lo han hecho porque se desesperan al ver que no llega su príncipe o princesa; otros porque no tienen firmes sus creencias de quienes son realmente; y muchos más porque ni siquiera les interesa vivir de acuerdo a lo que son, ni manchar el testimonio del rey, a quien finalmente nos debemos y por quien hoy somos príncipes.

¡Ojo muchachos! Por más bonito que esté el atuendo, ¿de que sirve si no es real? Por más guapo o lindo o bueno o lleno de virtudes, ¿De qué sirve si no tiene a Cristo?

 La próxima vez que pongas tus ojos en alguien, asegúrate de que por sus venas corra La Sangre Real; de otra forma pude ser un plebeyo sin rumbo con el que terminarás como Jonás, vomitado(a) en algún lugar del mundo por desobedecer una orden real.

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