Sección: Tiempo de Crecer

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Es el Ministerio básico de la emisora; de hecho es el nombre del primer programa que hicieron Pablo Lucero y su esposa Liliana a partir de 1988.

El objetivo principal siempre fue la predicación de la Palabra de Dios, mediante un desarrollo sencillo de la enseñanza doctrinal y de restauración.

TEMAS TRATADOS EN ESTA SECCIÓN

1. Bosquejos Bíblicos

2. Reflexiones Generales
 
3. Productos de Tiempo de Crecer

 4. Archivo

    Están a su disposición los Programas del Ministerio Tiempo de Crecer en el año 2020, para que Ud. solicite el que le interese y nosotros le enviaremos el link correspondiente.

 5. Manual de Radio.



   Youtube - Tiempo de Crecer Argentina

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IVOXX - Tiempo de Crecer

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ARTICULOS DE PABLO LUCERO

 

PARA LOS SOLDADOS:

ARMAS EN DESUSO Y LA PERDIDA DE LA DESTREZA LLEVAN A UNA DERROTA

 

Ampollas en las manos

Falla en la puntería

Pérdida de fuerza y contundencia

Perdida del buen oído

Sueño pesado al perder la atención

Se ve sin ver (Pérdida de la agudeza visual)

Desactualización en los códigos de guerra

Pérdida de la intuición (el olfato del luchador)

Engordar, subir de peso por falta de ejercicio trae cansancio más pronto

Confiar en la apariencia, y justamente la apariencia es lo menos aconsejable

Las armas en desuso no solo pueden oxidarse sino volverse pesadas por la lubricación seca.

Las balas también tienen vencimiento. Pierden su potencia.

Las miras telescópicas deben mantenerse calibradas, sino son inútiles.

El uniforme o la ropa deben mantenerse cosidas y con todos los botones sobre todo con el talle del cuerpo. Cada uno tiene su propia ropa a medida.

El soldado puede ver una película instructiva pero tener su propia práctica y ejercicio..

Los reflejos son elementales en un momento crítico. Suelen perderse por la inacción.

La sujeción a la pirámide de mando es importante. Ninguno lucha solo ni con sus propias tácticas.

La inteligencia no es una cualidad mental sino la capacidad de examinar la información, conocer a su enemigo y sus recursos. Conocer las propias capacidades y fuerzas.

La responsabilidad, la diligencia y la obediencia hacen a la efectividad.

Las armas grandes y ruidosas son más bien para un efecto psicológico pero en la práctica un arma pequeña bien utilizada es más útil.

¿ES ESTO UN FRAGMENTO DEL MANUAL DE UN SOLDADO?
NO. SOLO UNA ANALOGÍA CON EL CRISTIANO QUE SIRVE AL SEÑOR.
 

Repasemos de nuevo todo lo que escribí desde el comienzo de este artículo. Solo un repaso rápido pero atento y luego vayamos al nudo del tema:

Cuando las armas no se usan, se descalibran, se atascan, se ponen duras y fallan, pero antes falla el soldado cuando se deja estar y vuelve inactivo. Cuando se confía en la aparente paz o tranquilidad.

Engorda, se pone obeso o bien se mantiene delgado pero con músculos atrofiados por la falta del ejercicio necesario. La ropa le queda chica y se romperá en el primer esfuerzo. Se cansa más rápido y tiene poca resistencia en una prolongada lucha.

Se mira al espejo y le gusta su apariencia y hace poses para verse fuerte, pero la realidad la verá en el campo de batalla que suele venir sin previo aviso.

Algunos miran muchas películas de guerra pero las cosas no son así. Hay una abismal diferencia entre lo ideal y lo real. La desilusión y el desánimo aparecen aquí.

La sabiduría o la inteligencia no es una capacidad cerebral, sino el poder procesar la información, el saber conocerse a sí mismo y al enemigo contra el cual lucha.

¡Qué factores importantes son la responsabilidad y la diligencia, o sea la prontitud para hacer lo que se le requiere!. Esto puede ser determinante. Y sobre todo la obediencia.

Muchas veces escuchamos predicaciones donde se nos enseña que somos Soldados de Cristo y exclamamos ¡AMËN!... pero ¿pensamos lo que estamos afirmando?
Primero debemos estar persuadidos que estamos en lucha. Esto no es una práctica religiosa inocente donde nos sentimos bien y aseguradas nuestras cosas importantes.
Hemos visto muchas películas como la vieja serie “Combate”, ese pequeño grupo de 6 u 8 soldados americanos al mando del Sargento Sunders que mataron a 200.000 soldados alemanes y siempre ganaban. La guerra no es así.
El enemigo también hace inteligencia; nos observa. Conoce nuestros gustos y debilidades. Conoce donde somos fuertes y donde aparentamos serlo. Se toma el tiempo para estudiarnos. Sus soldados y colaboradores se ejercitan permanentemente. No duermen ni se dejan estar. No usan balas viejas y vencidas. Son responsables y audaces.
 

Dice la Palabra de Dios “Los hijos de este siglo son en su generación más prudentes que los hijos de la luz”. Ellos saben que la lucha es sin descanso ni cuartel.

Pero nosotros debemos examinarnos a nosotros mismos si estamos a la altura del soldado que sirve a Dios en un mundo donde las estrategias de maldad se actualizan y modernizan permanentemente.

Usar la Espada del Espíritu, o sea la palabra de Dios, es muy bueno e indispensable, pero si la usas muy de vez en cuando te sacará ampollas. Pero también el desuso de hace perder la visión, la percepción de lo invisible, de las cosas del ámbito espiritual.

La oración, el conocimiento de la Palabra de Dios, la perseverancia en la obediencia a Dios, el Temor de Dios y otras armas, caídas en el desuso te pueden llevar a creer que eres fuerte y diestro y no sea así. Recuerda que no se trata de apariencia ni ruidos fuertes, sino la efectividad del buen uso de tus armas como cristiano. Recuerda también lo que escribí antes: no siempre es más efectiva un arma grande y ruidosa. Puede impresionar pero no ser tan efectiva.

Colosenses 2:20 en adelante dice San Pablo que hay “armas” que solemos usar pero que son inservibles en el combate contra el pecado.

Y en 2 Corintios 10: 4/6 dice: “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta”.

Mucha comida con grasa te hace gordo/a pero no fuerte. Cuídate de lo que ingieres. Busca la verdadera Palabra de Dios. Dale al ejercicio del cuerpo y la atención de sus gustos el lugar que corresponda en las prioridades.

No amagues con balas de salva. El enemigo no huye tan rápido. La apariencia no engaña a los guerreros de uno y otro lado. Las cosas espirituales deben ser discernidas espiritualmente. No subestimes a nadie. Ni de los nuestros ni los del otro bando.

Para concluir esto (que ojalá sigan meditando), les aconsejo que no se duerman, tampoco se alarmen. Sean diligentes, precavidos. Manténganse ejercitados y en forma por si llega algún problema. Al enemigo no le interesa lo que dices o de qué alardeas. No te confundas. Piensa como soldado. No temas la altura ni la fuerza del enemigo. Piensa como soldado de un poderoso ejército cuyo comandante es el Mismo Jesús y toda la fuerza del Espíritu Santo. Pero no te mandes solo. No seas un “comando solitario”, como Arnold Schwarzenegger, que siempre pelea solo. Perteneces a La Iglesia del Señor. Sirve junto a otros.
La nueva ola de esta pandemia viene causando estragos. También generando temor, incertidumbre y preocupación lógica. Pero aférrate del Señor.
 

El año pasado muchos afilaron sus espadas y se vistieron de soldados e hicieron mucho ruido. Pero apenas aflojó el virus, volvieron a dormir, a comer comidas adiposas y a los entretenimientos. Esto en la guerra espiritual es “INTELIGENCIA”. El enemigo nos estudió, nos dejó hacer y ahora lanza otro ataque y hay muchos durmiendo. Creen que no pasará nada. (Es lo que él quiere, que seamos mortalmente confiados). Han dejado de orar. O sea no oran sin cesar sino solo cuando hay problemas. Han dejado de desear la Palabra como esa leche espiritual no adulterada. Pero pasó el temblor y se perdió el entusiasmo, el interés.

Confiamos en nuestros propios “chalecos antibala”. Confiamos en la mala puntería del enemigo. Confiamos en nuestra fe y ya no en el autor de la Fe. Nos creímos muchos versículos que sacados de su contexto fueron transformados en mensajes exitistas y dejamos de velar y orar. Dejamos de resistir, total siempre ganaremos.

Inteligencia diabólica pura.

Pablo dice en Romanos 13:11 “En todo esto tengan en cuenta el tiempo en que vivimos, y sepan que ya es hora de despertarnos del sueño. Porque nuestra salvación está más cerca ahora que al principio, cuando creímos en el mensaje”.

Es posible que muchos, confiados en la buena suerte y que “el diablo no nos puede tocar”, sufran algunos contratiempos por entender mal la Palabra de Dios, muchas veces manipulada por los exitistas.
 

Pedro 5: 8 y 9 dice:

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”.

Pablo a los Efesios les aconsejó a no subestimar al enemigo ni a sobrestimarse uno mismo. En el capítulo 6:10 al 20 dice:

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,

15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;

18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;

19 y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,

20 por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.

Dios nos bendiga.
Pablo Lucero/2021.

 

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CUATRO DÍAS MUY RAROS.

 

La algarabía distrae. Se vive y se disfruta aun la tensión y la locura.

La chusma ganó las calles desde que supo del arresto de Jesús. Sabían que sería todo un espectáculo.

La fatídica mezcla de dos componentes explosivos conmovería la historia de Jerusalén: Los Sacerdotes de la fuerte religión y el Imperio romano, el dominante político.Ambos “unidos contra tu Santo hijo Jesús” (Hechos 4:27)

Jesús era un factor de conmoción social, de incomodidad, de desestabilización. Aunque no era así, se creó esa excusa, la acusación necesaria para iniciar un juicio. Y todos sabían en qué terminaría aquello. O se presumía.  Algo se había rumoreado en las calles en los últimos días.

Cada clase social maneja los rumores con su estilo,  pero en cada status se sabía, se hablaba casi en voz baja algo sobre “una cruz”.  Nadie decía nada pero el rumor cobraba fuerza. Había una disimulada expectativa.

Sacarse de encima al hijo del carpintero era una consigna tácita.  Pero la presencia de Judas en el templo y la negociada entrega del Maestro por unas cuantas monedas de plata no pasó desapercibida … y la voz corrió como reguero.  Todos supieron que había llegado la hora de algo cuya gravedad  presumieron,  pero no supieron cuánta.

Había un importante movimiento por la celebración de la Pascua durante el día;  pero esto comenzó muy de noche, con muchos movimientos violentos de corridas, palos, antorchas y odio.  Esto mantuvo despierta a mucha gente.  Muchos, afuera, participando o como curiosos. Otros atisbando por las ranuras de las ventanas con temor.  La presunción y el rumor tomaban cuerpo.

 

La población vio la turba trayendo a los empujones al hombres que se tildaba de “Mesías”.

¿”Mesías”?...¡Qué desfachatez!...  en un mundo malo no hay lugar para nadie bueno. Al clavo que sobresale, naturalmente se le pega un golpe para hundirlo.  Toda esa noche mucha gente estuvo en vela. Se armaron fogones en las inmediaciones del palacio del gobernador Pilato  para seguir de cerca la resolución del caso.

Los discípulos se habían escondido con las puertas trabadas desde adentro.  ¡Qué insólito!... Habían experimentado luchar contra demonios cuando el  Señor los envió a hacer milagros en su Nombre.  “¡Señor… aún los demonios se nos sujetaban!...” (Lucas 17:10).   Ahora enfrentar a una turba humana les fue imposible.  Es un mal que parece repetirse una y otra vez, incluso hoy donde hay muchos “declaradores” y “proclamadores”  que atan y reprenden demonios a los gritos y se jactan de su “autoridad”, pero no se animan a enfrentan la masa humana rebelde y pecadora que atenta contra el evangelio y la Iglesia. Pero no es una lucha contra carne y sangre sino contra espíritus malos (Efesios 6:12)…Les pregunto a estos “exitosos ministros”: ¿Son diferentes estos demonios?... Cuestionable autoridad.

Noche difícil adentro y noche difícil afuera.  Jesús soporta un interrogatorio al que poco responde, no por ser culpable. No se negó a declarar como hacen los delincuentes cuando las pruebas los condenan. Jesús solo pone a Pilato en una posición de inferioridad: “Tú no tienes tanta autoridad como crees y dices. Nada podrías hacerme si mi Padre no te lo permitiera”.

Pilato hubiera preferido una mala respuesta; al menos lo hubiera enojado para justificar una ira que no tenía ; y aunque lo presionaba, lo sabía inocente. Era evidente.  “¿Qué es la Verdad?... háblame… respóndeme .. ¡¿justo a mí el que puede mandarte a la cruz no me respondes?!”.

Azotes, burlas, gritos y risotadas burlescas. Desprecio de los soldados adentro y de los religiosos de afuera.  Fogatas. Silencio mezclado con murmullos.  Expectación. Algunos con temor a lo que pase. Otros esperando no perderse detalle en un morbo sediento.

Afuera, ni Pedro ni los discípulos que estaban escondidos, esperaban nada bueno. Todos los rumores hablaban de la cruz.  La turba que acompañaba a los representantes de la religión de entonces se ponía de acuerdo sobre qué pedir si Pilato llegaba a preguntarles “¿Qué hago con este hombre?”.  Los discípulos presentían algo fatal, para Jesús… y para ellos mismos.  Vuelvo sobre mis palabras: ¡Qué insólito! ¡Tanto poder para echar demonios y ahora estar encerrados con la disimulada culpa dejar solo al Señor en manos de pecadores!.


Entre las 6 y las 9 de la mañana se decide enviar a Jesús a la cruz. Había que apurarse. Estaban en la celebración de la Pascua y venía el final de la fiesta y el correspondiente reposo. Esto debía resolverse rápido.  Locura en las calles. Los que celebraban la muerte de los corderos pascuales y los que celebraban la muerte del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, aunque no lo veían así. 

Locura en las calles. Corridas. Gritos. Día no laboral. Nadie se fue de mini vacaciones.  Locura en las calles de Jerusalén. Y mucho más cuando Pilato sacó a Jesús frente a la multitud agolpada frente a su palacio y luego de varias e insistentes defensas de parte del gobernador romano, la turba, la chusma mezclada con unos cuantos religiosos gritaba su sentencia: “¡CRUCIFÍCALE… CRUCIFÍCALE!”.  La mano de obra estaba en las calles determinando acallar definitivamente al Señor.  Era una contienda no tan humana o física, n siquiera legal.  Pilato lo entendió: era la lucha entre la VERDAD y la MENTIRA.  La verdad vino al mundo y el mundo prefería vivir en la mentira. La Luz vino al mundo y el mundo prefería las tinieblas para que no se descubran sus pecados ocultos.

PRIMER DIA RARO.

A las 9 de la mañana es llevado a los empujones cargando una cruz que casi no puede por su debilidad. El castigo con azotes lo había dejado al borde de la muerte.

Un hombre que estaba cerca mirando es obligado a ayudar a Jesús con el madero y lo carga en subida hasta el Gólgota. Era Simón, de Cirene.

El Vía Crucis, como se define a ese camino que se manchaba de sangre inocente mientras el Señor caminaba decidido pese al dolor.  Nadie podía escuchar el pensamiento de Señor: “Tengo que seguir… Tengo que seguir”.  Pensaba en ellos, en todos, en nosotros.  Y a su paso muchos que habían sido bendecidos con sus palabras, con sus milagros, con su mensaje de una oportunidad única de salvación, le insultaban, se reían. El olor de la sangre, la visión terrible de la más calamitosa situación humana generaba adrenalina en su morbo insaciable.

¡Qué día raro!... Muchas veces he escuchado el dicho popular: “No muerdas la mano del que te da de comer”.  Ese día hicieron todo lo contrario.

Otros y en especial las mujeres, lloraban y hacían lamento por Él.  No existían las organizaciones de  Derechos Humanos. Igualmente no hubieran hecho nada. Ni siquiera hoy se conmueven cuando asesinan a cristianos o incendian los templos.  Es la lucha invisible pero no secreta de la Verdad contra la Mentira. Y es a muerte.

Llegados al Lugar de la Calavera, el Gólgota, sujetan el cuerpo del Señor con clavos de 15 cm y lo ponen entre dos malhechores, como si fuera uno más.

 A las 12 del mediodía,  densas tinieblas cubrieron la tierra, tinieblas que se podían tocar.  Me hace acordar la plaga de tinieblas que mandó Dios sobre Egipto. Pero estas tinieblas eran diferentes.

Cuando la Palabras dice que Jesús rompió el acta que nos era contraria y avergonzó públicamente a los demonios en la cruz, es evidente que esas tinieblas eran espíritus malos que se regodeaban viendo a Jesús en ese final.  Algo así pasó y creo que la gente lo vió.  Si Jesús los avergonzó públicamente yo creo que la gente vió eso. Lo espiritual se hizo visible.

Leamos Colosenses 2: 14 y 15:  “Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”.

La gente estaba acostumbrada a ver esos espectáculos de reos muriendo cruelmente en una cruz, pero esto fue otra cosa. La multitud se dispersó golpeándose el pecho, mientras la tierra temblaba. Hasta el centurión llegó a reconocer: “Verdaderamente éste el Hijo de Dios”.

A las 3 de la tarde murió, entregando su espíritu y antes de las 18 colocan su cuerpo en una tumba sin uso perteneciente a José, de Arimatea.

Cuando el gentío vuelve a la ciudad siguen las sorpresas: Se enteran que el velo del templo que separa el lugar Santo del lugar Santísimo se había partido de arriba abajo dejando libre, abierto el acceso.

También se enteraron que en el preciso momento de la muerte del Señor no solo se rasgó el velo,  sino que las tumbas de muchos hermanos que habían muerto se abrieron y vinieron a la ciudad Santa y anunciaban el plan de Salvación.  ¡Qué primer día tan raro!

LOS SIGUIENTES TRES DÍAS RAROS.

¿Se imaginan el día después de la muerte del Señor?

La ciudad, sucia de papeles, de restos de comida callejera.  Botellas. Ropas olvidadas. Pañales sucios.  Las calles vacías. Todos en el “Santo reposo pascual”.

El viento, único deambulante, arrastraba desechos,  silbaba el canto de la incertidumbre, de la soledad y un vacío inexplicable.

Pasado el reposo de la fiesta, que fue un jueves, los sacerdotes volvieron a la carga contra el fallecido Jesús y piden a Pilato que ponga guardias en la tumba para impedir que los seguidores de Jesús roben el cuerpo y digan que había resucitado, a lo que Pilato accede.

Tres días de silencio y murmullos. Una victoria no festejada. Aún perduraba el miedo de ver a los demonios huir de la presencia del Señor cuando Él exclamo “¡CONSUMADO ES!”.

Nadie hizo gala de sus logros. Ni siquiera atinaron a buscar a los discípulos de Jesús, lo que hubiera sido lógico para exterminar definitivamente  ese “Camino”.

Los sacerdotes no alcanzaban a entender lo que hizo ese terremoto en el templo sin afectar a las casas vecinas.

El servicio público de recolección de residuos llenó carros y carros de basura. La ciudad estaba en un silencio que gritaba su incertidumbre.

Mientras, en las profundidades de la tierra  El Señor anunciaba el Plan de Salvación a los que descansaban en el Seno de Abraham, a los espíritus cautivos que no podían entrar al descanso en el Señor porque aún no había un camino al Padre y se preparaba para resucitar al tercer día, como lo anunció, y subir a lo alto llevando cautiva la cautividad. Desde entonces todos los cristianos salvos ya no van a ese seno, sino descansan en El Señor hasta el Día de Gloria, del arrebatamiento.

Tres días raros. Poco se habla de los que pasó en esos tres días posteriores a la muerte de Jesús.

Los discípulos permanecieron encerrados en esa casa  todo ese tiempo. Miedos, preguntas sin respuestas. Incertidumbre. Silencio. Angustia. Soledad. Habían olvidado las palabras del Señor. Otros se fueron a pescar, su antiguo oficio. Otros, se alejaron de la ciudad, camino a Emáus.

¿Qué sabemos de las multitudes que lloraron a Jesús?  Poco y nada.

¿Qué sabemos de las multitudes de los que gritaron exigiendo la muerte del Señor?. Nada.

Lo que más se sabe es de la maraña política y religiosa para controlar lo que al parecer era un movimiento naciente y  poderoso porque aunque sobornaron a los guardias para que callasen sobre la resurrección que habían presenciado, las autoridades políticas y religiosas sabían realmente  ¡JESUS HABÍA RESUCITADO!, pero lo ocultaban. Había que mantener a las masas en estado de ignorancia para poder usarlas. Vieja táctica.

 

CUATRO DÍAS RAROS.

 

Un día de máximo alboroto y tres de un silencio que ensordecía.

Terminaba el sábado semanal, sábado de reposo respetado por los judíos.  Entre las 18 horas y la madrugada, en algún momento de esa noche, mientras los guardias estaban apostados en la puerta de la tumba, un Ángel del Señor bajó, cayó como un rayo que sacudió todo y corrió la piedra de la tumba y los hombres al ver esto cayeron desvanecidos, como muertos dice la Palabra.

Jesús no salió por esa puerta ahora franqueada, pero el acceso estaba libre para que Pedro  Juan pudieran ver que El Señor ya no estaba en la tumba y comprobaran su resurrección.

Un poco antes, María había visto la tumba vacía y creyó que se lo había llevado y le pregunta al que cuida el huerto: “¿Dónde llevaron su cuerpo?... dímelo y lo iré a buscar” sin saber que ese hombre parado a su lado era el mismo Jesús que se da conocer al nombrarla:…”María…”  y la mujer se da vuelta y lo reconoce: “¡Señor!”. Su llanto se convierte en gozo.

Este cuarto día puso fin a los cuatro días raros, de los que poco se habla, pero que están cargados de sucesos tremendos que fortalecen la historia de la muerte de Jesús.


Pese al glorioso  día, mucha gente vive aún dentro de los cuatro días raros. En abierta rebeldía a Dios. En la Mentira confrontando la realidad del Evangelio. Muchos sumidos en silencio que es el resultado de las conciencias atribuladas por los pecados cometidos. Otros encerrados sin esperanza. Muchos desilusionados por haberse acabado la vida fácil. Sin embargo vemos en el ejemplo de Juan, el más joven de los discípulos, y aquellas  mujeres, un amor perseverante, sin temor,  junto a la cruz, aún a riesgo de correr la misma suerte.

Eso también nos parece raro dentro de esos cuatro días, ya que hoy también es raro ver cristianos al pie de la cruz acompañando a Jesús. En dolor y martirio. En su propósito de Salvación. Negándose a sí mismos y tomando su cruz cada día para seguirlo.

Raro, pero hay muchos que han superado las crisis de los cuatro días raros al recibir,  además de la convicción del Amor de Jesús,  Poder de lo alto con el Espíritu Santo derramado en sus corazones.

40 días después de resucitar, Jesús estuvo con los suyos. Dice la Palabra que en una ocasión como con 500 hermanos a la vez. Y luego los dejó en manos del Espíritu Consolador cuando ascendió a los cielos donde volverá en cualquier momento.

Tal como Jesús les indicó, fueron a un aposento alto y estuvieron allí orando unánimes hasta que al décimo día algo parecido a un viento recio abrió las ventanas y fueron todos llenos del Espíritu Santo. Lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Eran 120 hermanos que no se quedaron con el recuerdo de CUATRO DÍAS RAROS, sino que fueron hasta allí a esperar y recibir algo que no conocían, pero que luego sería determinante para sus vidas.

 Mantengamos vivo ese Poder en nosotros y nuestras Iglesias. Superemos toda situación que nos mantenga anclados en el pasado y en las crisis, puestos los ojos en Jesús el autor y consumador de la Fe, el que jamás perdió protagonismo en esos cuatro días raros, pero tampoco antes ni después.

Dios nos bendiga a todos.

Pablo Lucero/2021

 

 

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EL DESEO VEHEMENTE DE JESÚS.
 

El Señor Jesús, antes de ser entregado, aquella noche compartió la última cena pascual con sus discípulos. Al sentarse a la mesa les dijo: “¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca! (Nótese los signos de exclamación en sus palabras).

Luego de haber comido el cordero, tomó el pan y la copa de vino e instituyó lo que conocemos como “La Cena del Señor”, que como Iglesia celebramos en memoria del Señor y su muerte, lo que debemos hacer hasta que Él regrese por su Iglesia.
Y agrega: “Os digo que no la comeré más hasta que se cumpla en el Reino de Dios” (Lucas 22:15 y 16)
 

Tomemos en cuenta dos cosas: La exaltación, la mezcla de gozo y profundo amor del Señor cuando les dice: “¡Cuánto he deseado comer esta Pascua con vosotros!”. ¿Pueden imaginárselo?... No fueron sus discípulos los que se mostraron felices para decir algo así. Fue Jesús quien lo exclamó. Me da la sensación que fue más que alegría o felicidad lo que lo motivaba a decir aquello.

Los suyos, los que el Padre le dio, estaban allí, incluso Judas el que lo traicionaría. A todos les lavó los pies, lo que a nadie se le había ocurrido hacer pese a que era una costumbre hacerlo. Pero lo hizo el Señor. A todos. Incluso a Judas. Incluso a Pedro, quien más tarde negaría conocerlo cuando llegó la turba a detener, apresar y llevar a Jesús ante Pilato.
EL Señor obvió todo aquello que sucedería, que de hecho lo sabía de antemano. Dice la Palabra que ciñéndose una tolla a la cintura y tomando una palangana pequeña, se inclinó delante de cada uno de ellos y les lavó los pies. A todos. Uno a uno. (Juan 13).
Imagínense, hermanos; Jesús los mira con una sonrisa. No piensa en el suplicio que se le viene en pocas horas. Jesús mira otra cosa. Los mira a ellos. Los tiene a todos delante suyo.
Ellos no saben lo que se aproxima. No lo entienden aún, pese a que ya les había dicho que sería muerto pero que resucitaría. Sus discípulos amados ahora están delante suyo. Los mira, los observa. Recordaría los comienzos de cada uno, los primeros pasos de uno y otro. Sus errores, sus logros y alegrías, sus miedos, sus experiencias, sus renunciamientos, su crecimiento en esa Fe aún sin el poder del Espíritu Santo.
Los miraba El Señor y sabía que en pocas horas debería abandonarlos aunque les dejaría a otro consolador, el Espíritu Santo.
 

¿Imaginan los ojos del Señor? ¿Pueden ver el brillo en sus ojos cuando los mira a todos, uno por uno cuando con una sonrisa sin par les dice con entusiasmo “¡Cuánto he deseado comer esta Pascua con vosotros!”. Solo El Señor sabía el significado de sus palabras aquella noche.

Está feliz El Señor. Tiene un gozo muy profundo. No piensa en la cruz. Piensa en estos hombres que creyeron en Él, que le siguieron pese a lo extraordinario que fue todo. Hombres que abandonaron todo por seguirlo.
En pocas horas una gran aflicción los envolvería al ver lo que pasaba con el Pastor y la dispersión de sus ovejas en la noche más terrible que jamás habían vivido. Pero Jesús todavía no se los dice tan claro y directo, pero agrega algo precioso que nunca olvidarían: “La próxima Cena será en el Reino de Dios. Allí nos volveremos a encontrar”
 

Tremendas palabras que entendemos más nosotros hoy, que aquellos hermanos.

“¡Cuánto he deseado este momento, juntos, compartiendo esta cena que será la última aquí en este mundo!... la próxima será en la presencia de mi Padre”.

Si leen el evangelio de Juan desde el capítulo 13 hasta el 17 inclusive, encontrarán quizás lo que considero el más completo mensaje del Señor, no solo para ellos sino para toda la Iglesia, de todos los tiempos, hasta hoy, preparándonos para la etapa final.
Los consolará anticipándose a la crisis. “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo … el mundo os aborrecerá, a mí también me aborrecieron… de aquí a un poquito y ya no me veréis (su muerte) y estaréis tristes … y otro poquito y me volveréis a ver (su resurrección) y vuestro gozo será completo, vuestra tristeza se convertirá en gozo”. (Juan 16:16)
Jesús no miraba la tragedia que se aproximaba. El Señor miraba el fruto de la aflicción de su alma, el gozo puesto delante de Él (Isaías 53). El inicio de la Gracia salvadora estaba por comenzar. Tenía delante de Él a sus primicias. Las bases del cristianismo que nacería entre grandes victorias y martirios. Eran los primeros reconciliados con Dios. Y agradecería a Dios “Padre, ninguno de los que me diste se perdió” (Juan 17)
Los miraba El Señor. Sonreía. Brillaban sus ojos llenos de Amor. “¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua! antes que padezca!”.
Es inenarrable la angustia, el dolor, el desconcierto de sus discípulos cuando Jesús es detenido, juzgado con falsas acusaciones y crucificado entre dos ladrones. Fueron tres días de tremenda soledad y miedo. Un dolor que les hizo olvidar la promesa de resurrección. Pero un poquito más, a los tres días lo volvieron a ver y su tristeza se convirtió en gozo.
 

¿Pueden imaginar el gozo de sus discípulos, de sus más cercanos seguidores?

Pero llega el momento de la despedida. Después de 40 días de estar con ellos se hace acompañar por los suyos al Monte de los Olivos y les da los últimos mandamientos asegurándoles que estará ellos hasta el fin del mundo y que recibirían Poder al recibir el Espíritu Santo.
De pronto una nube lo cubre, lo envuelve, y El Señor empieza a ascender hacia los cielos. Los discípulos asombrados, algunos llorando, otros de rodillas, observan la gloriosa ascensión y antes que caigan en desconsuelo dos ángeles del Señor aparecen y les dicen con confianza y seguridad:
“¿Por qué estáis tristes mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”.
 

Luego de esto y siendo fortalecidos volvieron a Jerusalén con gozo y entusiasmo, y dispuesto a continuar la obra del Señor perseverando en sus enseñanzas y en esa alegría se saludaban. “¡Maranatha!”, que significa “Cristo viene”, “¡Jesús volverá!”

Pasaron los años, los siglos, y aunque aún no regresó, no tenemos por tardanza su promesa como los que se pierden, sino que el Espíritu Santo nos llena de gozo cuando vemos que mientras el mundo se cae a pedazos por el pecado, la rebelión abierta con Dios, la Iglesia es continuamente consolada y ya de antemano nos muestra la sonrisa de Jesús, sus ojos brillantes de gozo, cuando desde las nubes nos llame para irnos con Él.
Los muertos en Cristo resucitarán primero en un cuerpo de Gloria semejante al del Señor, y luego nosotros, los que aún estemos vivos también seremos transformados en un cuerpo de Gloria, sin enfermedades, ni achaques ni las marcas del pecado antes de conocerle. (1° Cor. 15 – 1° Tes. 4:13)
Un día de Gloria. Un Coro de ángeles se unirá a la Iglesia triunfante para exclamar:
“¿¡DONDE ESTÁ, OH MUERTE, TU AGUIJÓN?!... ¿¡DÓNDE, OH SEPULCRO, TU VICTORIA!?”
 

Lo primero que sucederá que es que seremos conducidos a un Juzgado inmenso: EL TRIBUNAL DE CRISTO, donde cada uno será recompensado según sus obras (2 Cor.5:10).

Cabe aclarar que en este Tribunal no se decide si eres salvo o no. Este Tribunal es para los salvos ya arrebatados, para ser recibir su galardón en base al Libro de las Obras.

El Espíritu Santo clama con una voz cada vez más audible y potente trayéndonos el mensaje de Jesús: “ HE AQUÍ YO VENGO PRONTO Y MI GALARDÓN CONMIGO PARA RECOMPENSAR A CADA UNO SEGÚN SEA SU OBRA” (Apoc. 22:12)
Luego, la fiesta más maravillosa jamás maginada por mente alguna: “Las Bodas del Cordero”.
Aquí nos sentaremos junto al Señor Jesús. Bien cerca estarán sus primeros discípulos. Los contará y estarán todos. Solo faltará uno, el hijo de perdición, Judas. Jesús los mirará con esa sonrisa, con gozo y entusiasmo y les volverá a decir:
“¿Se acuerdan de mi promesa? Ha llegado la hora. ¡Cuánto he deseado comer esta cena con Vosotros!”.
Y nos mirará a nosotros que también hemos creído en su Nombre, que hemos sido fieles hasta el final y todos juntos estaremos para siempre con El Señor.
 

“Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: !!Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!

Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.

Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”. (Apoc. 19:6/8)

¿Te despierta gozo y esperanza? Es maravilloso sentir el gozo de la Salvación. “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”. (1° Juan 3:3).
Los primeros hermanos recordando las palabras del Señor se esforzaban y tuvieron en poco su vida con tal de llegar a ver al Señor. Hebreos 11 nos muestra su fidelidad.
 

Piensa en ese día que está muy cercano. Esfuérzate. Sé fiel.

Espero que te haya servido recordar estas palabras que encontrarás en tu Biblia y que hace muchos siglos el Espíritu Santo viene hablando. Yo me desperté con estas palabras a las 02:35 de la madrugada y las escribí para compartirlas contigo.
“Consolaos unos otros con estas palabras: “Maranatha, Cristo viene”. No sabemos cuándo será, pero que cuando sea nos encuentre fieles y atentos, velando en oración. Unidos. En Paz.
 

Dios te bendiga.

Pablo Lucero/2021

 

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 EL FIN DE LA VIDA

 

Hasta el 21 de marzo hubo 2millones de muertes por coronavirus

En lo que va del año 2021, hasta hoy 29 de   Marzo, en el mundo 14.111. 305 personas han muerto por diversas razones. En promedio 1 o 2  personas por segundo. Cuando termine escribir este artículo habrán muerto unas 300 más y el conteo sigue.

Por Coronavirus en este mismo período han muerto alrededor de 2.000.000 de personas.

¿Te has preguntado cuántos de ellos no han conocido al Señor antes de partir?

¿Qué hacemos al respecto?  ¿En qué gastamos el tiempo, la tinta y la mente?  ¿Qué hemos hecho con aquello que de balde hemos recibido del Señor?

Muchas veces cantamos un himno que nos conmueve:

“Cuantas almas perecen sin Dios, mientras vivo yo en bienestar  ¿Qué  respuesta daremos a Cristo si Él pregunta “¿Qué hiciste por Mí?....Pon tu mano Señor sobre mí, dale a mi alma ese mismo sentir… dame gracia para obedecer,  dame fuerzas para yo vencer”.

 Muchas veces en la Iglesia hablamos de evangelizar, de anunciar la Palabra de Dios al mundo ¿Lo estamos haciendo?

Los dejo pensando pero antes le comento que la cifra de muertos a nivel mundial aumentó. En este momento van 14.113.107  y el  conteo sigue.

Oremos y alentemos a los que llevan la preciosa semilla. Pero cada uno tiene siempre un ámbito inmediato donde hablar de Jesus.

Dios nos bendiga e ilumine.  Pablo Lucero/2021

 

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CUATRO POMOS BLANCOS

 

Cuatro pomos blancos parecidos. No sabes qué contienen uno y otro. Pero somételos a una presión y verás cuál tiene pasta dentífrica ,cual tiene crema antibiótica, cuál un pegamento y cual otra cosa.
Muchas veces sucede. No sabemos qué hay en el corazón de las personas. Parecen ser iguales, tener el mismo contenido. Pero una presión, una crisis, hace brotar lo que tienen dentro.

En los cristianos consagrados hallaremos virtud y frutos del Espírtu Santo. Pero no en todos.

La tentación es una presión, una crisis que hace aparecer lo que tienen oculto. Un pecado sexual, un robo, una mentira, un insulto, una agresión física o verbal, ira, maledicencia, celos, envidia, malos pensamientos, homicidio, rebeldía, engaño, desobediencia, burla, soberbia, y como dice San Pedro: "...y todas las detracciones". (1°Pedro 2).

En apariencia nos asemejamos, pero Dios conoce el corazón, conoce nuestro contenido.
No sabes certeramente como es el otro. Déjalo que hable; que escriba; que tome decisiones bajo presión, cuando aflore la verdadera esencia del ser.
Jesüs dijo "Por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7:15)
Por eso solemos tener desengaños que nos amargan. El Señor Jesús dice "Medís (Juzgáis) según las apariencias". (Juan 7:24)
Nos dejamos llevar por los ojos, por los sentidos, por las emociones, y entramos en relaciones equivocadas, en yugo desigual, en comunión falsa.
El Apóstol Juan (1 Juan 4) dice "Probad los espíritus porque no todos son de Dios"

Fíjense la santa osadía de Pablo cuando dijo "Es necesario que entre vosotros haya contiendas para que se distingan los que son aprobados y los que no". (1° Cor. 11:19)

No es que el apóstol esté de acuerdo con las peleas y conflictos sino que estas cosas son presiones que Dios permite. Que los "pomos" sean "apretados" para ver qué tienen adentro.

La sinceridad evita el conflicto. Entonces podemos soportarnos unos a otros en Amor, sobrellevar los unos las cargas de los otros y nos podemos estimular al Amor y a las buenas obras.

La hipocresía puede afianzarse por muchos años pero Dios traerá a luz todas las cosas.

Como solemos leer en las Santas Cenas: "Examínese cada uno y pruébese a sí mismo". (1°Cor 11: 27)
 

Apriete su propio "pomo". Pídale al Señor como lo hizo David.

"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno". (Salmo 139).

Que Dios nos bendiga y guarde.

Pablo Lucero.

28/03/2021

 

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PANDEMIAS Y PANDEMIAS

 

Escucho a muchos predicadores hablar sobre la Pandemia del Miedo y son enfáticos para estimular a las congregaciones a no tener miedo porque el miedo paraliza y nos vuelve inoperantes.

Pienso que es en cierta manera algo real, pero pensemos que el miedo tiene algo de positivo cuando lo canalizamos hacia la Fe en Jesús. Pero pareciera que tal énfasis ha llevado a muchos a subestimar la situación crítica, ya sea el Covid 19 como cualquier otra aflicción o amenaza.

Salimos del mutismo a la exclamación: “¡No pasa naa!..¡No pasa naa!

Me preocupa más la Pandemia de la Apatía, la Pandemia de la Desidia. Dos pestes altamente peligrosas para cualquier persona, pero en especial para cualquier cristiano.

Del miedo saltaron a la despreocupación, al desinterés, al enfriamiento y dejaron de velar, aun cuando la crisis está latente y tiende a empeorar.

Cuando canalizamos el miedo hacia el Señor Jesús, podemos ver que eso nos vuelve responsables, vigilantes, atentos a todo, firmes en la confianza en el Señor. Pero esa confianza no es un relajamiento. No debe serlo.

Veamos que significa APATÍA: “Estado de desinterés y falta de motivación o entusiasmo en que se encuentra una persona y que comporta indiferencia ante cualquier estímulo externo”.

Y ahora veamos el significado de DESIDIA: “Falta de ganas, de interés o de cuidado al hacer una cosa”.

Estas conductas siempre existieron, pero en el último tiempo se convirtieron en Pandemias

¿Qué es una Pandemia? Es algo más grave que una epidemia.

Bueno, ¿qué es una epidemia? La definición es clara y concreta: “Una epidemia se produce cuando una enfermedad contagiosa se propaga rápidamente en una población determinada, afectando simultáneamente a un gran número de personas durante un periodo de tiempo concreto.

Cuando el flagelo supera los límites fronterizos de los países y de los continentes afectando a la mayoría de ellos, se convierte en Pandemia.

¿Son Pandemias la APATÍA y la DESIDIA?

Si.

Muchos cristianos salieron del miedo y entraron bajo la influencia de estas plagas mundiales. Pensaron que era “un resfrío de verano” y se despreocuparon. Pensaron que con solo confesar la Fe eran inmunes. Pero solemos decir muchas cosas que en realidad no tenemos,

Por eso considero que la tan combatida Pandemia del Miedo ha sido superada por las Pandemias de la Apatía y de la Desidia. (Relean ahora las definiciones de esos términos).

Estas plagas han llevado a muchos cristianos a sentirse falsamente seguros.

Pensemos en esto: la seguridad en Cristo no nos lleva a dejar de orar y velar. La seguridad en Cristo, la confianza en su Poder y misericordia no nos llevan a echarnos a dormir ni a despreocuparnos. Al contrario, ese buen miedo nos hace recordar lo que dijo el apóstol Pedro: “Sean prudentes y manténganse atentos, porque su enemigo es el diablo, y él anda como un león rugiente, buscando a quien devorar”. (1°P. 5:8)

Las vacunas, la apertura de las iglesias, la comprobada fuerza física de muchos para superar el virus, el conocimiento de la situación y los métodos preventivos, la desconfianza en los gobiernos corruptos, las falsas noticias conocidas como Fake News, incluso las falsas profecías y predicaciones sacadas del contexto bíblico han hecho que muchos desestimen la gravedad de la situación, que no terminó.

Y a esto hay que agregarle que muchos le pusieron fecha al regreso de Jesús y como eso no sucedió, se suman a los perversos que se burlan diciendo “¿Dónde está el cumplimiento de su advenimiento? Desde muchas generaciones se habla de eso y nunca ocurrió”.

Pero sigo creyendo que el rapto es inminente, aunque no sepamos cuándo sucederá.

DEL MIEDO A LA APATÍA Y A LA DESIDIA.

Observemos algunas características de estas tres Pandemias.

El miedo paralizante que puede llevar al estrés y a la locura, llevó a muchos a buscar a Dios con lágrimas y arrepentimiento (o remordimiento).

Pero vinieron olas de otras Pandemias y superando el miedo cayeron bajo las garras de la Apatía y se volvieron incrédulos ante las alarmas y se fueron enfriando de a poco.

¿Saben que hay fríos que no matan enseguida? Hay fríos sutiles que hacen bajar la temperatura corporal de a poco y te genera sueño y cuando te duermes te mueres y no te das cuenta. El frío te pide dormir solo un poco y te acurrucas. Te estás muriendo y no te das cuenta.

La Apatía te hacer perder el interés y la motivación, (“Les hablo como a maduros, decía el apóstol Pablo). Has perdido el entusiasmo. Pablo preguntaba “¿Dónde está la satisfacción que antes teníais”.

¿Y de la Desidia qué podemos decir? Has perdido las ganas de trabajar en la obra del Señor.

Fíjate como el diablo actuó: Aprovechó la pandemia del Covid y te paró, te encerró, te alejó de la comunión y te demostró que no estabas tan firme en el Señor. Muchos cayeron en las garras invisibles de estas dos plagas y se fueron alejando, enfriando y perdieron toda sensibilidad. Están muriendo y no se dan cuenta.

Por otro lado, muchos ante esto se acercaron más al Señor. La diferencia es evidente.

No necesitamos un tratamiento psicológico, o un pensamiento positivo, ni siquiera proclamar Fe como si fuera un abracadabra. Necesitamos el fuego del Poder de Dios, pero si no haces el esfuerzo de acercarte y pedir como Pedro “¿Señor, ayúdame que perezco!” serás una más de las miles de víctimas que ya se volvieron atrás.

Quizás debimos reconocer las artimañas del enemigo. ¿Faltó Palabra?.. ¿No será que antes del Covid estábamos infectados de las otras Pandemias, la Apatía y la Desidia?. Piensa.

Lo que si me lleva a reflexionar es que algunos no creen que las cosas sean tan graves y muchos cristianos dicen por dentro, como escribí al principio: “No pasa naa…no pasa naa”, y se nota en sus conductas. Y el Señor vuelve, pero parecen no darse cuenta de lo inminente. Dice la Palabra de Dios que él acelera su venida, acorta los tiempos sino ninguno sería salvo”. Mateo 24:22

En 2° Pedro cap 3 vers 9,11y14 dice: ” El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”… ”Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!”… “Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz”.

Para estas Pandemias no hay tratamiento humano, pero La Sangre de nuestro Señor Jesucristo puede limpiarnos de todas estas cosas.

Dios nos bendiga, fortalezca y afirme.

Pablo Lucero/2021

   

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 EL ESPÍRITU DE LA GUERRA

 

La guerra es un espíritu malo.

Aparece de tanto en tanto y destruye. No hay victorias porque en definitiva destruye a ambos contendientes.

Parece un ser inerte, aunque no lo es. Solo necesita seres vivos donde instalarse.

Seres vivos que no saben dirimir, primeramente en sí mismos, sus propios conflictos. Y es cuestión de encontrar a alguien diferente, en las mismas condiciones, y la intemperancia, y la intransigencia, y la impaciencia, y el orgullo, y la soberbia y seguramente la ira, fluyen y ambos se agreden, se hieren y aunque uno venza al otro, la guerra destruye a ambos finalmente.

Las contiendas, la gritería y otras reacciones son las características de dos seres en una pugna con resultados inciertos.

La Guerra es un espíritu que viene y va. Aparece de tanto en tanto. Aquí y allá, hoy, mañana, otro día. Hace lo suyo y luego se esconde en acecho hasta que de pronto, sin que nadie la espere, aparece, hace lo suyo y vuelve a desaparecer. Un ciclo permanente y destructivo.

La Guerra es un espíritu. Necesita dos seres, o dos bandos que no sepan manejar los conflictos, las diferencias, influye el carácter, la personalidad.

La destrucción solo necesita la participación de estos tres: Los dos contendientes y el espíritu de la Guerra y el círculo cierra.

Pero si al menos uno de los antagonistas se domina a sí mismo, si tiene dominio propio y no se presta a una contienda, que más que estéril es altamente nociva, el espíritu de la Guerra se va.

¿No dice la Palabra “Resistid al diablo y éste huirá? (Sgo.5:7) Entonces quedan por un lado un corazón con conflictos e intransigente y por otro lado un corazón que ante la ira propia o ajena busca el reposo y la Paz, que no es cobardía sino el aplomo inteligente y sabio de quien sabe medir las consecuencias, las reales pérdidas.

Como cristianos sabemos cómo terminan las conductas mal manejadas. La Palabra dice: “La blanda respuesta quita la ira, más la palabra áspera hace subir el furor.” (Proverbios 15:1) El dominio propio no es solo una virtud sino una defensa de increíbles resultados.

EL Salmo 37: 8 y 9 dice: “Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo porque los malignos serán destruidos, más los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra”.

Pablo aconseja: “No deis lugar al diablo” (Efesios 4:7) ) y también dice “En cuanto de vosotros dependa estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18).
No se trata de generar una unidad falsa porque en realidad no hay comunión con los infieles, pero con que uno se deje guiar por el Espíritu Santo, puede con sus actitudes “poner ascuas de fuego sobre su cabeza” como enseña Pablo en Romanos 12:20, y esto significa hacer o propiciar la intervención del Espíritu Santo sobre un contendiente, en la mente y conciencia del conflictivo y es “tocada” por el Señor.
 

La Guerra es un espíritu que va y viene. Aparece, hace lo suyo, y se va. Se esconde, acecha desde lo oculto y vuelve a aparecer para causar estragos.

No podemos evitar que este espíritu recorra el mundo buscando donde entrar. Noten Uds. que no entra en casas limpias y adornadas como muestra el pasaje de Mateo 12:43, sino en corazones que están diríamos predispuestos al conflicto. Cargados. Contaminados por las obras de la carne como enseña Pablo a los Gálatas. Pero este espíritu que destruye también intentará combatir el corazón de los santos. La intención es siempre la misma: destruir. EL apóstol Santiago nos llama a resistir. Basta con no prestarnos a estas luchas que más que estériles, son destructivas en su resultado.

El Señor en su Palabra nos aconseja “Busca la Paz y síguela” (Salmo 34:14), es decir, que sepamos manejar las diferencias para que no se transformen en luchas internas que terminarían dividiéndonos. Y Tras la aconsejada intervención doctrinal, al que cause división deséchenlo, lo dice Pablo a Tito (Tito 3: 10) ¿Lo leyeron detenidamente? Háganlo. Y esto se da solo cuando es cuestión personas que tuercen las escrituras y se mantienen adrede lejos de la voluntad del Señor.
 
Quizás nos sintamos mal por la intransigencia de otros, pero debemos mantener el aplomo y medir las consecuencias. A veces y en un primer momento es preferible guardar silencio para pensar en la situación y buscar en el Señor la respuesta a dar.
 

La Guerra es un espíritu del diablo, el que vino a hurtar, matar y destruir. ¿Notaron el orden de sus ataques? Primero te roba las cualidades de la vida cristiana, luego te mata espiritualmente y luego el caos, la devastación. Mira la foto que publico con este artículo. ¿Quieres terminar así?

La Guerra es un espíritu que viene y va, buscando dos contendientes intransigentes y orgullosos. Anda como un león rugiente buscando a quien devorar (1° Pedro 5:8).
Pablo profundiza en lo importante del caso: “Airaos pero no pequéis. No se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). ¿Hay cosas que te enojan?.. ¡Claro que sí! Pero mide tus palabras y tus actos. Pablo se enojó con Pedro y solía enojarse con los hermanos desobedientes pero nos cuenta su forma de hacer: “pero no peques”.
Pablo el apóstol, enseña también: “No proveáis para la carne” (Romanos 13:14) y aclara aún más en Gálatas cap. 5, una serie de conductas pecaminosas que ante diferentes conflictos nos jugarán en contra porque rompen con la armonía espiritual del cristiano, atenta contra la Paz interior y son las características e ingredientes que el espíritu de la Guerra necesita para destruir.
 
Pablo sigue enseñando a los Gálatas, cap. 5, los beneficios de un corazón transformado por el Espíritu Santo y los frutos de Paz, benignidad, templanza y otros, siendo el principal El Amor.
Mide tus palabras, escucha con paciencia, ten dominio propio, aprende a dominar tus emociones e impulsos. Aprende a escuchar aunque no siempre debas aceptarlo. Si eres deferente no te dejes dominar por el ego. Si el otro es diferente a Ti, conserva el respeto y la paciencia. No lastimes, no hieras corazones. La Templanza no es innata del ser humano. Es una obra del Espíritu Santo y el resultado del fogueo y la perseverancia fiel a Dios en este tipo de luchas.
Recuerda que “No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”, entre ellos el espíritu de la Guerra., un espíritu que silenciosamente va y viene; destruye todo a su paso en particular si encuentra la situación propicia, y luego se va. Se esconde algún tiempo. Se va de acá para allá, y luego más allá. Y luego vuelve y observa donde destruir. No le demos lugar.
Amémonos de corazón, sin fingimiento, que cuando en los pasillos de la Iglesia, o en la calle, nos crucemos, nos digamos con sinceridad “Paz del Señor”.
Cuidémonos mutuamente, soportémonos en Amor y dirimamos cualquier diferencia que aparezca en el seno de la Iglesia del Señor, en Paz y con Amor.
 

PD: Silencio en Neuquén. Todo está en calma. EL Señor me llamó a las 03:15 y sentado a la mesa vuelco en papel lo que el Señor puso en mi corazón quién sabe por qué.

Mientras duermes, el Señor vela por la unidad y la integridad de su pueblo.

Dios te bendiga.
Pablo Lucero - 24/03/2021 - 06 :10 Hs.
 

 

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  TRES CIUDADES JAPONESAS 

 

En Agosto de 1945 EEUU lanzó la bomba atómica sobre tres ciudades de Japón y se dieron estas tres características:
 

HIROSHIMA: La alarma sonó temprano cuando el Sistema se activó sobre todo Japón. Toda la gente corrió a los refugios. Pero no hubo bombardeo porque era un avión B29 llamado "El gran artista" que realizaba un vuelo de reconocimiento climático/meteorológico que pasó de largo.

Luego volvió a sonar la alarma y la gente corrió hasta los refugios, pero no todos. Pensaban que era una falsa alarma. De hecho se trataba de otro avión B29 llamado "Maldad necesaria" que también pasó de largo. Muchos se sintieron defraudados por la falsa alarma.
Luego volvió a sonar la alarma y la mayoría de la gente no corrió a los refugios. Pero esta vez vino un B29 llamado "Enola Gay" que sí traía la flamante Bomba H arrojada desde casi 10.000 metros y tras caer durante 55 segundos explotó a 600 metros del suelo produciendo una ola de calor de 1.000.000 de grados centígrados, lo que volatilizó todo. En el acto murieron 100.000 personas.
No supieron aprovechar el aviso y lo desestimaron.
 

NAGAZAKI: Sucedió lo mismo. Creyeron que no pasaría nada. Pero pasó.

 
KOKURA: La situación fue peor ya que fueron las autoridades las creyeron que se trataba de vuelos de observación y no emitieron ninguna señal de alarma a la población.
Independientemente de las tragedias y la conmoción mundial que estaba abriendo la llamada Era Atómica, el común denominador fue la reacción de la gente, que considero fueron tres:
 

1. Creyeron al aviso y fueron a los refugios.

2. Al venir el segundo avión creyeron que no sucedería aquello que anunciaba la alarma, y no todos corrieron a los refugios.
 

3. Con sucesos que no ocurrieron desestimaron todo aviso y a la tercera alarma la gente no hizo caso y continuaron sus ocupaciones y actividades con toda normalidad.

 

¿No sucede lo mismo hoy?

¿No hay mensajes del Espíritu Santo que El Señor vuelve por su Iglesia?

¿Por qué hay silencio "de radio" sobre este suceso. ¿No lo creen?

 
El año pasado las amenazas abundaron, la muerte, el miedo, la inseguridad nos impulsaron a acercarnos a nuestro eterno refugio; abundaban los cultos virtuales, bautismos, sanidades, conversiones, se leía la Biblia en familia. Se oraba y ayunaba, muchos lloraron por primera vez pidiendo perdón a Dios. Pero no sucedió. No hubo rapto. Solo Covid 19 y sus víctimas y muchos que sobrevivieron y recuperaron cierta "calma". De esto hablo generalizando.
 

Tiempo después, diríamos la mitad, ya no permaneció en el refugio sempiterno y desafiaron la adversidad o lo proféticamente anunciado y más tarde muchos, por no decir la mayoría están descreídos, se han enfriado y casi no quieren ni siquiera hablar de esto por temor al ridículo, como quizás le pasó a Noe, cuando la gente se burlaba preguntándole "¡Hey, Noe, ¿Cómo era eso del mar tapando todo? Ja ja ja!.

Pero Noé no fue evangelista. La Palabra lo identifica como "Mensajero de Justicia" y le creyó a Dios y se afirmó en eso, aunque pasaron muchos años sin que pasara nada.

Pero un día llovió. Y también al día siguiente y lo hizo durante 40 día sin parar y sucedió.

¿Le hemos creído al Espíritu Santo? El dice "He aquí el Esposo viene"... pero otros dicen "Bueno, eso es un viejo cuento... desde que tenemos uso de memoria se dice eso de su advenimiento pero las generaciones han pasado y no sucede nada" (Paráfrasis de 2°Pedro 3).

Pedro sentencia: "Estos ignoran voluntariamente". Esto es terrible. No se trata de no tener conocimiento de la Palabra de Dios, sino NO QUERER SABER, esto es no tener ni demostrar interés en lo que El Señor dice a su pueblo. Es algo voluntario y por lo tanto pecado. Una mente vacía, un corazón vacío es un campo libre para las mentiras del diablo.

Increíblemente muchas personas que han concurrido a una Iglesia parecen haberse acostumbrado a la señal de alarma. Tanto que ya casi no la oyen. Y el Esposo viene. El miedo reemplazó el Temor de Dios.
Jesús dijo que sería "como en los días de Noé" (Lucas 17:26/30).
Despreocupación, incredulidad, desinterés, dormidos, desatentos, fríos, pero no todos.
 

Pero hay un pueblo que espera al Señor velando, orando y renovando su Fe en Él cada día y permanece al abrigo del Altísimo para que aquel día no nos sorprenda como ladrón en la noche.

Hablando en general... ¿Qué nos pasa hermanos?... ¿Habrá mermado nuestra Fe?... ¿Estaremos preguntándonos en nuestro batallado corazón si será verdad todo lo que se dice? ¿Es posible que la duda haya minado nuestro corazón?
 

La alarma no es para infundir temor a la Iglesia sino para avisar al mundo que el tiempo se acaba. Mientras, la Iglesia despierta en gozo porque por fin le veremos, en el Día de Gloria cuando antes de la destrucción que se aproxima aceleradamente, Él arrebate su Iglesia, cuando ya la Iglesia no tenga nada que hacer en esta tierra.

Dios nos bendiga, y guarde y podamos mantener nuestros ojos en los cielo de donde vendrá nuestro Salvador, el Señor Jesucristo.

Pablo Lucero/ 10 de Marzo de 2021.-

 

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